El siguiente payaso que hable de proporcionalidad cuando Israel tenga que atacar Gaza ante la lluvia de cohetes sobre su población, cada vez que digan que los israelíes, que aman a su gente y les proporcionan alarmas, defensas y refugios, “sólo tuvieron” siete u ocho víctimas y que su ataque (reactivo) ocasionó centenares de (terroristas) muertos, con algunas víctimas civiles (cómo evitarlas, si los islamistas, que no quieren a su gente, los utilizan de escudos humanos), cada vez que escuchemos la majadería del genocidio de los palestinos (miles de misiles cayendo sobre Gaza indiscriminadamente causarían cientos de miles de muertos. Los israelíes lo tienen chupao, si de verdad quisieran), cada vez que un lacayo obediente de los barbudos con turbante cortacabezas intente intoxicar con su demagogia venenosa, solo tendremos que contestar que Hamas ha puesto, definitivamente, el tipo de cambio: cada israelí vale 1.027 de sus bastardos malnacidos.
Solo espero que la comunidad internacional lo recuerde (no lo hará) y que el Gobierno del Estado de Israel aplique el principio a partir de ahora.
Repito: por cada israelí, 1.027 palestinos. Si son asquerosos terroristas, mejor, claro. Aunque eso no sea necesario, si queremos mantener la estricta proporcionalidad
jueves, 13 de octubre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
El desfile de la victoria
Algunos me preguntan por qué soy sionista...
Esta foto está en mi despacho. Son dos F-15 israelíes sobrevolando lentamente, a trescientos nudos, el campo de exterminio de Auschwitz-Bikernau a principios de septiembre del 2003. Dos cazas polacos los escoltaban. Los aviones israelíes transportaban los nombres de la víctimas de ese campo en sus cabinas. Sobre Auschwitz, el Brigadier General Amir Eshel dijo en la radio de su F-15: "nosotros que nos alzamos desde las cenizas de millones de víctimas, que cargámos sobre nuestros hombros sus gritos silenciosos, saludamos su coraje y prometemos ser el escudo del pueblo judío y de su nacíón, Israel"
He titulado la foto "el desfile de la victoria"
Am Israel Jai
martes, 16 de agosto de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
La responsabilidad de los relativistas de la coartada, el auto odio y el buenismo. Ahora, Londres
Mientras los idiotas de The Guardian y la BBC entrevistaban a supuestos vándalos enmascarados con acento afectado de inner city y buscaban sesudos argumentos pseudo intelectuales que explicaran el substrato ideológico y las complejas motivaciones socioeconómicas del estallido de violencia y pillaje en Londres, vamos sabiendo la identidad de los "pobres jóvenes excluidos", el motivo de su "rabia" y el grado de "discriminación social y pobreza extrema" a los que estaban sometidos.
Los babosos del continuo explicación-compresión-justificación-apología van quedando en evidencia.
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Los babosos del continuo explicación-compresión-justificación-apología van quedando en evidencia.
Uno
Dos
Tres
Cuatro
jueves, 11 de agosto de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
Sobre el último artículo de Ilan Pappé en El País
Estimado Juan Luis,
En esta ocasión, te escribo en tu condición de Presidente de El País, y en la mía de Presidente de Acción y Comunicación para Oriente Medio – ACOM, una ONG dedicada a la concordia en esa parte del mundo.
Me permito molestarte por un artículo publicado en tu diario hace unos días: “El juez Goldstone”, firmado por Ilan Pappé
Rebatir todas las inexactitudes que emponzoñan el artículo es laborioso, pero no difícil. Dos de nuestros colaboradores han aportado datos y detalles al respecto a la Defensora del Lector de El País:
No obstante, tener que estar a la defensiva ante un resentido furibundo del auto-odio como Pappé es una posición incómoda, como lo es contestar con argumentos racionales a cualquier freak.
En este caso, me permito hacer responsable a quien lo publica.
Afrontémoslo: lo que resulta atractivo a los medios de este autor no es su estatura académica de profesor de tercera, ni sus ideas extravagantes, ampliamente compartidas por antisemitas, antisistemas y yihadistas, ninguno de los cuales suelen encontrar cabida en la páginas de tu periódico. Lo que hace publicable a este individuo es, precisamente, lo que lo debería convertir en impublicable: es una caricatura, uno que se pasó de frenada, como el español aquel apologeta del régimen de Corea del Norte. Apto para un reportaje de dominical sobre rayados y un lugar en la feria junto a la mujer barbuda. Pero no digno de ser legitimado como articulista, codeándose con firmas serias, en una publicación internacional de referencia.
El País difunde sus ideas en un lugar prominente. En este caso, mucho más prominente que el que mereció la noticia de la "caida del caballo camino de Damasco" del tonto útil de Goldstone en el Washington Post al que se refiere. Como si con elloesa cabecera tuviera que buscar un equilibrio imposible e innecesario a firmas de la calidad intelectual y periodística de Bernard Henri Lévy, por cuyos artículos os felicito.
Sabemos que en Israel se piensa de todo. Y se publica aún más. Y que hay una amplísima libertad académica. No mucha gente en España comprende la diversidad de esa sociedad, a la que pocas lecciones de pluralismo podemos dar. Creo que tú eres una de esas personas. Por eso sabrás calibrar qué grado de extremista tiene que ser un profesor, qué ideas debe defender, para que alumnos y claustro de una universidad en Israel, una de las más escoradas a la izquierda, le insten a abandonarla. Ese es Ilan Pappé
Como no podríamos esperar que Haaretz cobijara en sus páginas a cualquier compatriota nuestro que justificase a ETA y considerase al estado español un régimen genocida, ni que el New York Times ofreciese su espacio con regularidad a un profesor de alguna oscura universidad con teorías delirantes sobre complots judíos en los atentados islamistas del 11M, los seguidores y amigos del diario El País no echarían de menos la malintencionada desmesura y la deshonestidad militante de Pappé, si El País dejara de publicar sus disparatados artículos.
Agradeciendo tu tiempo, recibe un cordial saludo.
Angel Mas
lunes, 18 de abril de 2011
Abbas, el cómplice
Seamos claros: en ese porquero obsceno que son los "territorios palestinos" donde se mezclan, indistinguibles y enmierdados, gobernantes corruptos, facciones terroristas, cooperantes de mentira y chivatos por doquier, su Presidente, Mahmud Abbas (alias Abu Mazen. Allí, como aquí, los terroristas usan un alias), rechazó, lágrimas de cocodrilo y nariz creciente, el asesinato de la familia Fogel en la comunidad de Itamar. Acto seguido, se dedicó a una de lcoso upa iones que se le dan mejor, aparte de robarse nuestro dinero: intentó intoxicar a la opinión pública internacional, desviar la atención de sus responsabilidades y obstaculizar la accion de la justicia. Todo esto lo hizo al culpar de la carnicería a unos pobres trabajadores inmigrantes tailandeses.
Como digo, en un territorio donde hay mas informantes que personas alfabetizadas, es un sarcasmo siquiera especular que ese individuo no supiera los nombres y apellidos de los malnacidos asesinos de familias, el de sus encubridores y su adscripción política, del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Simplemente, lo ocultó, convirtiéndose así en cómplice.
Por lo que se ve, considerando lo que han tardado las autoridades israelíes en efectuar las detenciones, la llamada Autoridad Palestina tampoco ha colaborado en la búsqueda y localización de esos dos hijosdelagranputa que acuchillaron a un bebe, dos niños y sus padres mientras dormían. Debían andar ocupados haciendo homenajes a terroristas asesinos de ancianos y viajeros de autobús. Estos son los "aliados para la paz moderados" que tiene Israel. Los otros, los de Hamas, están todavía un poco mas allá. Pues eso
Como digo, en un territorio donde hay mas informantes que personas alfabetizadas, es un sarcasmo siquiera especular que ese individuo no supiera los nombres y apellidos de los malnacidos asesinos de familias, el de sus encubridores y su adscripción política, del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Simplemente, lo ocultó, convirtiéndose así en cómplice.
Por lo que se ve, considerando lo que han tardado las autoridades israelíes en efectuar las detenciones, la llamada Autoridad Palestina tampoco ha colaborado en la búsqueda y localización de esos dos hijosdelagranputa que acuchillaron a un bebe, dos niños y sus padres mientras dormían. Debían andar ocupados haciendo homenajes a terroristas asesinos de ancianos y viajeros de autobús. Estos son los "aliados para la paz moderados" que tiene Israel. Los otros, los de Hamas, están todavía un poco mas allá. Pues eso
viernes, 25 de marzo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
El ejemplo
Querido amigo,
Te escribo desde el metro en Londres, tras un desayuno de trabajo de CEOs de la Association of British Insurers con el Financial Secretary to the Treasury (Ministro de Finanzas) británico Mark Hoban.
Sabes a estas alturas que soy bastante anglófilo. Hay aspectos del funcionamiento de este país que me fascinan (aunque me resista desde hace años a vivir permanentemente en él con mi familia). Uno de ellos es que te podría contar hoy lo que ha dicho quién, porque no se aplicó la normas "Chatham House". Cuando antes de una reunión o un evento se advierte que dicha norma aplica, quién dijo qué no será discutido fuera con terceras personas. La norma no tiene efectos legales, solo morales. Da igual. A nadie se le ocurriría romper ese vínculo de confianza de las democracias maduras que nosotros no hemos tenido nunca, ni hemos sabido crear.
No te voy a aburrir con la disertación de Hoban. El es un diputado que trabajó durante 16 años en PWC. Eso ya te dice algo: se sabe los temas y tiene perspectiva de la realidad fuera del coche oficial.
En lo de saberse los temas, creo que algunos de nuestros ministros y cargos públicos se los saben también. La pena es que, como te he comentado en ocasiones anteriores, y a diferencia de Hoban, nadie tenga en la cabeza un plan a cinco o diez años para el futuro y la competitividad de nuestro sistema financiero. A diferencia de los británicos, que toman decisiones sabiendo a donde van, en España, puro tacticismo, las decisiones que se van tomando nos llevarán a alguna parte que desconocemos.
Pero me he animado a escribirte por lo del coche oficial. Salía del desayuno y vi a Hoban y un par de ayudantes en la recepción. Esperaban a un minicab. El Ministro de Finanzas del Reino Unido, el Ministro de la City, se mueve en un taxi monovolumen al que se llama por teléfono para que te venga a recoger y te lleve a un sitio, y es más barato que un taxi normal de los que se paran por la calle.
A veces tengo dificultad en articular por qué soy optimista acerca del futuro de algunos países sobre otros. Hoy, anecdóticamente, lo tengo fácil.
En mitad de una crisis de la que los gobiernos británicos no evitaron hablar, sobre la que adoptaron medidas tempranas durísimas, y de la que se van recuperando, el ministro da ejemplo. Seguro que su departamento puede pagarse un coche y un chófer. Hasta puede que fuera más práctico. Supongo que yo me habría sentido raro con un chófer en la puerta viendo al ministro esperando un taxi, pero lo que el ministro evitó fue sentirse él raro por tener un chófer en la puerta mientras que yo, que le pago el sueldo, y que podría también pagarme un coche con conductor si mi consejo lo considerase oportuno en estos tiempos tan duros, me iba en metro.
He recordado la historia que me contaron hace unas semanas de cómo un grupo de directivos de una caja con problemas se plantó en Manhattan para visitar a un fondo y discutir su posible entrada en el capital de la entidad. La sorpresa de los americanos fue el ejército de españoles que apareció para la reunión, en varias limusinas, desde uno de los hoteles más caros de la ciudad. No invirtieron.
Las democracias antiguas no son perfectas, pero son sabias y conocen la importancia de los gestos en la ética pública, no como máscara, sino como símbolo de unos valores que transmiten integridad y confianza. Algo de lo que nosotros tenemos todavía mucho que aprender.
Un abrazo,
Las paradojas del uso de los ratings en la regulación
Hace días, un regulador financiero europeo se empeñaba en convencerme de la utilidad del rating a la hora de definir el riesgo y el capital que precisaba la transacción entre dos entidades por él reguladas. La postura de este profesional me causó gran perplejidad, porque no parece consistente que el regulador tenga que recurrir a la opinión de un tercero cuando nadie mejor que él conoce, determina y garantiza la calidad crediticia de las entidades implicadas ni dispone de más y mejor información.
Cuando unos días después asistimos a la rebaja de la calificación crediticia de la deuda soberana española por parte de Moody’s, me propuse reflexionar sobre el uso pervertido que nos obligan a hacer de la opinión de las agencias de rating y sobre el comportamiento inconsistente de gobiernos y reguladores, que, por un lado cuestionan la capacidad, metodología y oportunidad de las agencias, y por el otro les confieren un papel regulador de la economía.
Un rating o calificación crediticia no es más que una opinión privada emitida por una de estas agencias oligopólicas acerca de la solvencia -entendida como capacidad de pago- de un determinado instrumento financiero y/o emisor de deuda. Esta opinión está basada en una metodología que, en muchos casos, es cuestionable y más reactiva que proactiva.
La opinión de estas agencias fue utilizada desde sus inicios por los inversores como “guía” o “ayuda” para reducir las tradicionales asimetrías de información existentes entre los emisores de deuda y los potenciales inversores. El desarrollo de los mercados financieros y su internacionalización llevaron aparejado el crecimiento del negocio de estas agencias. Sin embargo, en ningún momento se pretendió que sus opiniones fueran admitidas a efectos de regulación internacional, como viene sucediendo desde los años 70. Incluso las propias agencias evitan responsabilidades enfatizando el carácter de opinión privada de sus calificaciones y organizaciones como el Financial Stability Board piden que se elimine la dependencia regulatoria de los ratings.
Así, aunque las opiniones de las agencias son meramente orientativas, los reguladores las utilizan en áreas fundamentales de la regulación financiera como la valoración del capital regulatorio exigido a las instituciones financieras o las valoraciones de riesgo de crédito en instrumentos financieros de titulizaciones, emisiones de cédulas hipotecarias y otros instrumentos financieros de deuda.
Es evidente que los reguladores utilizan los ratings como una alternativa ante la montaña normativa que tienen que atender y la falta de medios propios para desarrollar internamente metodologías de análisis de un número cada vez mayor y más sofisticado de instrumentos y emisores de deuda. Por tanto, y primera paradoja, a más regulación del mercado financiero, más influencia para el sector de las agencias, que tienen un marco de supervisión y regulación ciertamente laxo.
El resultado absurdo es un modelo que se retroalimenta, donde los ratings predicen tanto como provocan crisis, exacerbando la volatilidad y prociclidad de los ciclos en los mercados financieros. A ello se añade la paradoja de facilitar un sistema bancario en la sombra (shadow banking), formado por un conjunto no regulado de instituciones que proporcionan instrumentos financieros negociados en mercados no regulados (OTC) y cuyo impacto y legitimidad nace, precisamente, de la posesión de un rating externo que les habilita para reconocimiento regulatorio, algo que incrementó de forma adicional la crisis en el sistema financiero.
Volviendo al caso de España. Nada debe impedir a una agencia emitir una opinión sobre el riesgo soberano de España o la fortaleza de sus instituciones financieras. De igual modo, nada hay que objetar a que el Gobierno o el Banco de España discrepen de esa opinión. Lo que resulta incongruente es que esos mismos ministerios y reguladores que dudan de la credibilidad de las calificaciones, concedan a las agencias atribuciones regulatorias, en especial cuando se trata de transacciones entre entidades reguladas sobre las que ya existe una opinión pública y formal. De hecho, resulta también bastante paradójico que el regulador obligue a las entidades que él mismo regula a contar con un rating privado para poder ser calificada como contraparte, mientras que las compañías que escapan al control de la regulación pueden habilitarse para transacciones con compañías reguladas por el simple hecho de tener un rating.
Va siendo la hora de que el Gobierno y los reguladores españoles limiten la opinión de las agencias de rating al ámbito privado e informativo y tomen sus decisiones a partir de sus propios mecanismos de valoración de riesgos y de las recomendaciones internacionales.
domingo, 13 de marzo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Questions
I have a question: all the shiny happy people that lined up to congratulate themselves on the demonstrations-revolutions in places like Tunis and Egypt (the least oppressive regimes in a neighbourhood of blood thirsty tyrants and theocracies), all the happy kum-ba-ya that started with the Obama administration, some European governments, the media and the me-too masses in the West, how do they feel about the prospect of a massive hike in the price of oil, as the situation, happily now, spreads to the oil and gas producing countries? (Bahrein, Lybia, Iran, Algeria... And it will not stop there). Will they all finally realize that three basic truths about regime change through revolution?:
1- once you help ignite the fire, you lose control over it and it is impossible to know in what direction it will spread.
2- it is unlikely it will end up on a free and democratic government in the short term
3- the cost of dreaming freedom and democracy is dire. JW Bush and the American taxpayer can testify.
I like Nathan Sharansky. I have his picture in my desk. I believe, with him, that democracy is for everybody, not just a selected few cultures, because all human beings prefer for their children a place where thay would not be subject to the arbitrary abuses of a government without control. But I also think that democracy is not just voting. Voting is the last step, not the first one. First goes creating the institutions for a free society: the judiciary, the press, the civil service, the education system... Without that, any revolution against a dictatorship will just end up in another dictatorship, with a blood bath in the middle. That's why the Spanish transition to democracy worked. With all the anacronism, vices and unfairness of the Franco regime, the society had all of the above, a Social Security, hospitals, pensions, high literacy... And even with that, the first elections happened 2 years after the dictator died, and they were just for a parliament that had the sole task of writing a new Constitution. The first constitutional true and free elections only happened in 1979. The fiercest critics of the Bush Jr. Administration align with it in its worst mistake: believing on the cathartic power of voting, that can turn a dislocated, post dictatorship, war-enraged countries with no civil society to speak of into a democracy, that being Iraq or Afghanistan. When were the first elections in post war Germany and Japan (countries that had the basis of all the aforementioned conditions)?.
Another question, just to end: where was Mr. Obama decisively linking the aid it provided to Mubarak's Egypt to steps that built that civil society?. In his speech in Cairo University, when he was Mubarak's best friend, did he praise Western democratic values, providing support to groups fighting for human rights, the fair treatment of women, gays, religious minorities, or did he praise Islam as the religion of love?. What conditions are the US and European governments attaching to the aid still provided today to countries like Morocco?. Do they require that a portion of the money be used on creating the seeds of a freer society and make the contributions subject to steps of the regime to open up little by little, precisely to avoid a revolutionary process and promote an orderly transition?. I do not think so. We might see Obama soon in Casablanca University praising the infinite wisdom of the king and the admirable role madrassas are starting playing there.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Noticia de El País sobre la actividad de colonos israelíes en asentamientos ilegales en territorios palestinos de Cisjordania
El País reporta que hace unos días una pareja de colonos israelíes se trasladó desde su lugar de residencia en Galilea (Norte del país) hasta la ciudad de Belén en los territorios palestinos, con el fin de crear un asentamiento ilegal en el que dar a luz a su hijo.
El País comenta sobre la generalizada repulsa que ha generado este acto de provocación, y el rechazo del enviado especial del gobierno de los EEUU y del de las Naciones Unidas a la expansión de asentamientos sobre la excusa del crecimiento demográfico de las familias de colonos.
El padre de la criatura, un conocido extremista judío, insiste en reclamar el derecho de su hijo a nacer en Cisjordania por un supuesto vínculo ancestral de su familia con esa ciudad.
El País nos recuerda que los nacionalistas judíos intentan por todos los medios la judaización de territorios del margen occidental del río Jordán, una zona habitada exclusivamente por árabes desde tiempo inmemorial. Cabe recordar que los ultraortodoxos judíos insisten en referirse a esta parte de los territorios ocupados como “Judea”.
Por su parte, nos informa El País que, ante la tensión que ha generado su presencia, la madre del recién nacido ha comentado la posibilidad trasladarse más adelante a Jerusalén, lo que, nos recuerda El País, continuaría la estrategia de los colonos de establecerse en zonas tradicionalmente árabes de esa ciudad ocupada por Israel tras la guerra de 1967
El País comenta sobre la generalizada repulsa que ha generado este acto de provocación, y el rechazo del enviado especial del gobierno de los EEUU y del de las Naciones Unidas a la expansión de asentamientos sobre la excusa del crecimiento demográfico de las familias de colonos.
El padre de la criatura, un conocido extremista judío, insiste en reclamar el derecho de su hijo a nacer en Cisjordania por un supuesto vínculo ancestral de su familia con esa ciudad.
El País nos recuerda que los nacionalistas judíos intentan por todos los medios la judaización de territorios del margen occidental del río Jordán, una zona habitada exclusivamente por árabes desde tiempo inmemorial. Cabe recordar que los ultraortodoxos judíos insisten en referirse a esta parte de los territorios ocupados como “Judea”.
Por su parte, nos informa El País que, ante la tensión que ha generado su presencia, la madre del recién nacido ha comentado la posibilidad trasladarse más adelante a Jerusalén, lo que, nos recuerda El País, continuaría la estrategia de los colonos de establecerse en zonas tradicionalmente árabes de esa ciudad ocupada por Israel tras la guerra de 1967
sábado, 18 de septiembre de 2010
MIL CUATROCIENTOS TREINTAYSIETE (primer borrador)
La bofetada sonó como un disparo. A mí me dolió en lo más profundo de las tripas. Al observar a mi mujer enfrentarse a aquel niñato con la ridícula pelusa de moda en la cara, salí del coche que estaba aparcando, para acercarme a ver qué pasaba. Cuando el hijoputa aquel le estampó el guantazo en la cara, mientras ella sujetaba una bolsa de El Corte Inglés en una mano y la cría en la otra, me quedé paralizado. A apenas veinte metros lo vi todo a cámara lenta. Pero me detuve y no fui hasta allí. Fue Patricia la que se vino humillada, con media cara hinchada, enrojecida por la hostia que le acababan de meter, los ojos vidriosos de ira. Sin mediar palabra, abrió el coche y se sentó en el espacio de copiloto, tras dejar a la niña en la sillita de atrás. Yo, que había mirado al aprendiz de talibán, más por curiosidad que por desafío, bajé la mirada cuando él me la sostuvo, no sé por qué, me di media vuelta, y caminé hasta meterme
en el coche, junto a ella. Ni una palabra. Ni un reproche. El insondable vacío de la derrota y un denso silencio.
¿Cómo habíamos llegado a esto?. ¿En qué momento un pandillero del extrarradio, el más tonto de su clase y uno de los tantos conversos de reciente hornada al islam militante, fue consciente de la capacidad de imponer con desparpajo y total impunidad sus recientemente adquiridas normas universales de comportamiento a mi mujer... y a mí?. Confieso que, cuando Patricia se acomodó el vestidito liviano de verano que llevaba, y que había sido el motivo del violento reproche del vigilante de las buenas costumbres, estuve casi a punto de culparla por terca, por empecinarse en seguir saliendo a la calle sin pensar en estos matones que imponían mafiosamente su voluntad. Me contuve. Ella estaba a punto de romper a llorar y no estaba el horno para bollos. No delante de Marina que, con 2 años parecía comprender que algo extraño acababa pasar.
Así que, según avanzábamos lentamente en el atasco de la M30 de camino a casa, barbudos sonrientes y chicas con chador se acercaban a los coches y ofrecían flores y estampitas de Abu Mansour a cambio de donativos para la causa de los mártires. Mi mujer, aprendida la lección, se ponía un chal sobre el vestido y yo, en silencio, cavilaba sobre cómo, a los cuarenta y un años, acababa de permitir algo que, a mis dieciocho, me hubiera hecho romper los dientes al que se hubiera atrevido, no ya a eso: a la mitad. Entre miradas disimuladas y de reojo a Patricia, que mantenía la vista fijamente en el parabrisas, trataba de imaginarme cómo todos estos personajillos iletrados, que iban cambiando sus nombres de Alberto y Miguel por los de Omar y Alí, habían pasado del rap y las litronas a los grupos de estudio coránicos en los barrios de las afueras. Y, de allí, en apenas tres años, y como cucarachas envalentonadas, habían tomado el centro, ante la secuencia de burla, curiosidad, desconcierto y, en último término, temor de los que nos creíamos hasta entonces los legítimos dueños del cotarro.
Eran muchachos españoles. Incluso algún latinoamericano, no los musulmanes inmigrantes que vimos crecerse en los primeros momentos. Los que se atrevieron a asaltar la Alhambra, los que "liberaron" las mezquita en Córdoba. Tampoco los marroquíes que, como posesos, saltaron la valla de Melilla aquel día, que quemaron la sinagoga de la ciudad con 47 personas dentro, de ellos 11 niños, mientras los policías de la ciudad observaban, como sedados, el espectáculo. Luego dijeron que los habían retenido, confinado, que la turba los había superado. Que nada pudieron hacer y su esfuerzo se concentró en impedir un mayor derramamiento de sangre, apaciguando a algunos chicos locales que estaban empeñados en enfrentarse a "los moros". Las grabaciones que llegaron a la red no los mostraba presos ni encadenados, pero ellos insistían que, desarmados, poco podrían haber hecho para enfrentarse a las milicias de Al Murabitun. Casi mejor, decían todos, que el gobierno hubiese decidió evacuar la plaza de militares sólo tres meses antes. Las repercusiones de un posible enfrentamiento en las calles de la ciudad podrían haber sido gravísimas Nuestros aliados europeos y el Secretario de Estado norteamericano alabaron nuestra moderación y la madura contención demostrada por nuestro gobierno y la sociedad española en general.
¿Acaso debíamos nosotros librar la batalla que ninguno de sus poderosos ejércitos evitaron cuando hace poco más de un lustro abandonaron a Israel a su suerte?. Si ellos fueron capaces de reclamar mesura y tranquilidad cuando los israelíes pedían histéricamente ayuda para responder a las dos bombas, la de Tel Aviv y la de Haifa. Decían que se trataba de evitar la escalada incontrolada de violencia y enfocarse en aclarar lo antes posible la autoría real de esos actos de "terrorismo nuclear", los primeros de la historia. Ante eso, ¿qué podíamos hacer nosotros en España, que no tenemos ni la fuerza, ni la capacidad de los americanos, los británicos o los franceses?
Recuerdo aquellos días como en duermevela. Todo sucedió tan rápido. Los israelíes contraatacaron pero, para sorpresa de muchos, los americanos no les siguieron. Recuerdo las voces desesperadas de estupor de la embajadora de Israel, o lo que quedaba de él, en Naciones Unidas cuando el representante de EEUU se abstuvo de apoyar la propuesta que Canadá hizo para condenar el ataque y enviar una fuerza de interposición. El voto de rechazo de la ONU, aplastante, selló el final de toda esperanza para los judíos.
Mientras los corresponsales en todo el mundo reportaban las celebraciones en los países árabes, la riada de voluntarios para la yihad que iba llegando a Tierra Santa, las noticias de la zona eran confusas. Los hebreos parecían adoptar una actitud numantina y seguían enviando los pocos aviones que les iban quedando contra Siria, contra Líbano, contra Irán... Y cuando los regímenes saudí y jordano se sumaron a caballo ganador, ya no hubo nada que hacer.
Muchas cosas se han aprendido de todo esto. El famoso lobby judío quedó en nada. Movilizaron a algunas estrellas del espectáculo para un telethón, pero el boicot de intelectuales y otros artistas dio al traste con él y al final muchos actores y cantantes se echaron atrás. Peor fue en Londres, donde un acto de solidaridad con Israel fue asaltado por una multitud de barbudos enfervorecidos que la policía no pudo contener. Hubo siete muertos. La lección fue rápidamente aprendida: estos tipos están dispuestos a todo, no se andan con chiquitas y mejor no enojarlos.
Por otra parte, la respuesta en la mayoría de las televisiones fue relativamente comprensiva con los islamistas. Aunque solían comenzar con un lamento vago y general sobre las acciones de violencia indiscriminada, insistían en los agravios históricos de los países árabes. Recordaban la larga lista de abusos y ocupación contra el pueblo palestino, que había desembocado en una expresión de ira. No justificada, claro, pero comprensible. En último término, había que seguir la posición conciliadora de la ONU, que desaconsejaba una respuesta irracional por parte de Israel. No se podía culpar a los vecinos de la acción brutal de un grupo terrorista desconocido hasta entonces y sin lazos claros con ningún gobierno: la Yihad para la Liberación de Al Aqsa y el Califato Universal.
La primera vez que pusieron la grabación de Abu Mansour en la que anunciaba su inmolación como mártir con una bomba de 4 megatones en el hotel Hilton de Tel Aviv, la gente quedó perpleja. Se trataba de un muchacho francés, recién graduado en medicina, hijo de padre musulmán y madre cristiana. No tenía aspecto de magrebí. Era medio rubio y según se supo luego, se había criado en un barrio bien de Nantes. Dicen que consiguió esquivar todas las medidas de seguridad por su pasaporte y aspecto europeos, pero no está claro quiénes ni cómo le dieron la bomba. La segunda, la de Haifa, sigue siendo un misterio, pero los israelíes dijeron que había sido lanzada con un misil desde el sur del Libano.
Sea como fuere, se hablaba de más de millón y medio de muertos. Yo me negué a ver las imágenes. Me llenaba de ansiedad y temor por mi familia, y, de todos modos, no había nada que yo fuera a solucionar. A las dos semanas, me crucé con una manifestación de estudiantes en Madrid. Celebraban la victoria, el nuevo paradigma. Ni Oriente ni Occidente; ni Capitalismo, ni Socialismo. La Revolución Ética, la llamaban. Ahí vi las fotos que exhibían en grandes cartelones y que yo había evitado en periódicos y en Internet. Las primeras imágenes de soldados desnudos, desmembrados, arrastrados por las calles. La explanada del Muro de las Lamentaciones tomada por una multitud celebrando con las cabezas cortadas de judíos ortodoxos cogidas como trofeos por las barbas. El viejo presidente del difunto Estado de Israel colgado en plena calle. Los pocos miembros del gobierno hebreo que cazaron vivos rapados, con trajes de presidiario, exhibidos en los campos
de prisioneros donde se amontonaban. Sentí nauseas y no cené aquella noche.
Se comentó mucho el cambio de tono del Papa, que pasó de la condena a la velada amenaza cuando llegaron las noticias de la matanza de la Iglesia del Santo Sepulcro. Se rieron de él y, como alguien había hecho antes, le preguntaron cuantas divisiones tenía. Nada más se supo.
Mi cabeza sigue revisando estos tiempos locos cuando oigo en la silla de atrás a Marina decir "mamá guapa". Supongo que es su modo de intentar animarla. Patricia responde con una mueca que quería ser sonrisa. Nuestros ojos se cruzaron, y vi un resentimiento sordo, un reproche triste y silencioso.
Yo trabajo en el departamento de finanzas de una compañía eléctrica. Los primeros días nos preparamos para un escenario apocalíptico y diseñamos planes de contingencia para una especie de invierno nuclear. Y, entonces, todos reunidos en la oficina, vimos al ex presidente Obama que la primera presidenta norteamericana había enviado para mediar en la zona, aparecer con el presidente iraní y el desconocido sobrino del rey saudí recientemente nombrado regente por el ala dura del régimen. Y en aquella histórica conferencia de prensa los iraníes rechazaron haber participado en el atentado. Y los saudíes hablaron de la necesidad de que Occidente aceptara un nuevo sistema de equilibrios y respeto (sobre la base, velada, de todas aquellas armas que los americanos les habían vendido durante años, ahora bajo su control, junto con los hidrocarburos). Y el ex-presidente aceptó sus explicaciones sin más pruebas ni demandas, y habló de un nuevo entente entre civilizaciones, de una nueva relación de igual a igual. Y de que aquellos hombres eran nuestros socios para la paz. Sorprendentemente, aquel día, los mercados, que habían estado al borde del colapso y el infarto, encontraron temporalmente la calma que buscaban. Y todos comenzaron a mirar para otro lado.
Así fue que Siria anunció la anexión de Líbano, lo que fue Israel y Palestina (y algunos se rieron de la ironía de que todo esto hubiese comenzado con el afán de independencia para el pueblo palestino). Y, al final, también Jordania se integró en la Gran Siria, tras el derrocamiento de la glamurosa monarquía que encontró refugio en Australia. Y el alivio generalizado se mantuvo cuando los aviones de refugiados judíos supervivientes comenzaron a llegar a Canadá y a ser realojados en los territorios del Noroeste.
¿Cómo habíamos llegado a esto?. ¿En qué momento un pandillero del extrarradio, el más tonto de su clase y uno de los tantos conversos de reciente hornada al islam militante, fue consciente de la capacidad de imponer con desparpajo y total impunidad sus recientemente adquiridas normas universales de comportamiento a mi mujer... y a mí?. Confieso que, cuando Patricia se acomodó el vestidito liviano de verano que llevaba, y que había sido el motivo del violento reproche del vigilante de las buenas costumbres, estuve casi a punto de culparla por terca, por empecinarse en seguir saliendo a la calle sin pensar en estos matones que imponían mafiosamente su voluntad. Me contuve. Ella estaba a punto de romper a llorar y no estaba el horno para bollos. No delante de Marina que, con 2 años parecía comprender que algo extraño acababa pasar.
Así que, según avanzábamos lentamente en el atasco de la M30 de camino a casa, barbudos sonrientes y chicas con chador se acercaban a los coches y ofrecían flores y estampitas de Abu Mansour a cambio de donativos para la causa de los mártires. Mi mujer, aprendida la lección, se ponía un chal sobre el vestido y yo, en silencio, cavilaba sobre cómo, a los cuarenta y un años, acababa de permitir algo que, a mis dieciocho, me hubiera hecho romper los dientes al que se hubiera atrevido, no ya a eso: a la mitad. Entre miradas disimuladas y de reojo a Patricia, que mantenía la vista fijamente en el parabrisas, trataba de imaginarme cómo todos estos personajillos iletrados, que iban cambiando sus nombres de Alberto y Miguel por los de Omar y Alí, habían pasado del rap y las litronas a los grupos de estudio coránicos en los barrios de las afueras. Y, de allí, en apenas tres años, y como cucarachas envalentonadas, habían tomado el centro, ante la secuencia de burla, curiosidad, desconcierto y, en último término, temor de los que nos creíamos hasta entonces los legítimos dueños del cotarro.
Eran muchachos españoles. Incluso algún latinoamericano, no los musulmanes inmigrantes que vimos crecerse en los primeros momentos. Los que se atrevieron a asaltar la Alhambra, los que "liberaron" las mezquita en Córdoba. Tampoco los marroquíes que, como posesos, saltaron la valla de Melilla aquel día, que quemaron la sinagoga de la ciudad con 47 personas dentro, de ellos 11 niños, mientras los policías de la ciudad observaban, como sedados, el espectáculo. Luego dijeron que los habían retenido, confinado, que la turba los había superado. Que nada pudieron hacer y su esfuerzo se concentró en impedir un mayor derramamiento de sangre, apaciguando a algunos chicos locales que estaban empeñados en enfrentarse a "los moros". Las grabaciones que llegaron a la red no los mostraba presos ni encadenados, pero ellos insistían que, desarmados, poco podrían haber hecho para enfrentarse a las milicias de Al Murabitun. Casi mejor, decían todos, que el gobierno hubiese decidió evacuar la plaza de militares sólo tres meses antes. Las repercusiones de un posible enfrentamiento en las calles de la ciudad podrían haber sido gravísimas Nuestros aliados europeos y el Secretario de Estado norteamericano alabaron nuestra moderación y la madura contención demostrada por nuestro gobierno y la sociedad española en general.
¿Acaso debíamos nosotros librar la batalla que ninguno de sus poderosos ejércitos evitaron cuando hace poco más de un lustro abandonaron a Israel a su suerte?. Si ellos fueron capaces de reclamar mesura y tranquilidad cuando los israelíes pedían histéricamente ayuda para responder a las dos bombas, la de Tel Aviv y la de Haifa. Decían que se trataba de evitar la escalada incontrolada de violencia y enfocarse en aclarar lo antes posible la autoría real de esos actos de "terrorismo nuclear", los primeros de la historia. Ante eso, ¿qué podíamos hacer nosotros en España, que no tenemos ni la fuerza, ni la capacidad de los americanos, los británicos o los franceses?
Recuerdo aquellos días como en duermevela. Todo sucedió tan rápido. Los israelíes contraatacaron pero, para sorpresa de muchos, los americanos no les siguieron. Recuerdo las voces desesperadas de estupor de la embajadora de Israel, o lo que quedaba de él, en Naciones Unidas cuando el representante de EEUU se abstuvo de apoyar la propuesta que Canadá hizo para condenar el ataque y enviar una fuerza de interposición. El voto de rechazo de la ONU, aplastante, selló el final de toda esperanza para los judíos.
Mientras los corresponsales en todo el mundo reportaban las celebraciones en los países árabes, la riada de voluntarios para la yihad que iba llegando a Tierra Santa, las noticias de la zona eran confusas. Los hebreos parecían adoptar una actitud numantina y seguían enviando los pocos aviones que les iban quedando contra Siria, contra Líbano, contra Irán... Y cuando los regímenes saudí y jordano se sumaron a caballo ganador, ya no hubo nada que hacer.
Muchas cosas se han aprendido de todo esto. El famoso lobby judío quedó en nada. Movilizaron a algunas estrellas del espectáculo para un telethón, pero el boicot de intelectuales y otros artistas dio al traste con él y al final muchos actores y cantantes se echaron atrás. Peor fue en Londres, donde un acto de solidaridad con Israel fue asaltado por una multitud de barbudos enfervorecidos que la policía no pudo contener. Hubo siete muertos. La lección fue rápidamente aprendida: estos tipos están dispuestos a todo, no se andan con chiquitas y mejor no enojarlos.
Por otra parte, la respuesta en la mayoría de las televisiones fue relativamente comprensiva con los islamistas. Aunque solían comenzar con un lamento vago y general sobre las acciones de violencia indiscriminada, insistían en los agravios históricos de los países árabes. Recordaban la larga lista de abusos y ocupación contra el pueblo palestino, que había desembocado en una expresión de ira. No justificada, claro, pero comprensible. En último término, había que seguir la posición conciliadora de la ONU, que desaconsejaba una respuesta irracional por parte de Israel. No se podía culpar a los vecinos de la acción brutal de un grupo terrorista desconocido hasta entonces y sin lazos claros con ningún gobierno: la Yihad para la Liberación de Al Aqsa y el Califato Universal.
La primera vez que pusieron la grabación de Abu Mansour en la que anunciaba su inmolación como mártir con una bomba de 4 megatones en el hotel Hilton de Tel Aviv, la gente quedó perpleja. Se trataba de un muchacho francés, recién graduado en medicina, hijo de padre musulmán y madre cristiana. No tenía aspecto de magrebí. Era medio rubio y según se supo luego, se había criado en un barrio bien de Nantes. Dicen que consiguió esquivar todas las medidas de seguridad por su pasaporte y aspecto europeos, pero no está claro quiénes ni cómo le dieron la bomba. La segunda, la de Haifa, sigue siendo un misterio, pero los israelíes dijeron que había sido lanzada con un misil desde el sur del Libano.
Sea como fuere, se hablaba de más de millón y medio de muertos. Yo me negué a ver las imágenes. Me llenaba de ansiedad y temor por mi familia, y, de todos modos, no había nada que yo fuera a solucionar. A las dos semanas, me crucé con una manifestación de estudiantes en Madrid. Celebraban la victoria, el nuevo paradigma. Ni Oriente ni Occidente; ni Capitalismo, ni Socialismo. La Revolución Ética, la llamaban. Ahí vi las fotos que exhibían en grandes cartelones y que yo había evitado en periódicos y en Internet. Las primeras imágenes de soldados desnudos, desmembrados, arrastrados por las calles. La explanada del Muro de las Lamentaciones tomada por una multitud celebrando con las cabezas cortadas de judíos ortodoxos cogidas como trofeos por las barbas. El viejo presidente del difunto Estado de Israel colgado en plena calle. Los pocos miembros del gobierno hebreo que cazaron vivos rapados, con trajes de presidiario, exhibidos en los campos
de prisioneros donde se amontonaban. Sentí nauseas y no cené aquella noche.
Se comentó mucho el cambio de tono del Papa, que pasó de la condena a la velada amenaza cuando llegaron las noticias de la matanza de la Iglesia del Santo Sepulcro. Se rieron de él y, como alguien había hecho antes, le preguntaron cuantas divisiones tenía. Nada más se supo.
Mi cabeza sigue revisando estos tiempos locos cuando oigo en la silla de atrás a Marina decir "mamá guapa". Supongo que es su modo de intentar animarla. Patricia responde con una mueca que quería ser sonrisa. Nuestros ojos se cruzaron, y vi un resentimiento sordo, un reproche triste y silencioso.
Yo trabajo en el departamento de finanzas de una compañía eléctrica. Los primeros días nos preparamos para un escenario apocalíptico y diseñamos planes de contingencia para una especie de invierno nuclear. Y, entonces, todos reunidos en la oficina, vimos al ex presidente Obama que la primera presidenta norteamericana había enviado para mediar en la zona, aparecer con el presidente iraní y el desconocido sobrino del rey saudí recientemente nombrado regente por el ala dura del régimen. Y en aquella histórica conferencia de prensa los iraníes rechazaron haber participado en el atentado. Y los saudíes hablaron de la necesidad de que Occidente aceptara un nuevo sistema de equilibrios y respeto (sobre la base, velada, de todas aquellas armas que los americanos les habían vendido durante años, ahora bajo su control, junto con los hidrocarburos). Y el ex-presidente aceptó sus explicaciones sin más pruebas ni demandas, y habló de un nuevo entente entre civilizaciones, de una nueva relación de igual a igual. Y de que aquellos hombres eran nuestros socios para la paz. Sorprendentemente, aquel día, los mercados, que habían estado al borde del colapso y el infarto, encontraron temporalmente la calma que buscaban. Y todos comenzaron a mirar para otro lado.
Así fue que Siria anunció la anexión de Líbano, lo que fue Israel y Palestina (y algunos se rieron de la ironía de que todo esto hubiese comenzado con el afán de independencia para el pueblo palestino). Y, al final, también Jordania se integró en la Gran Siria, tras el derrocamiento de la glamurosa monarquía que encontró refugio en Australia. Y el alivio generalizado se mantuvo cuando los aviones de refugiados judíos supervivientes comenzaron a llegar a Canadá y a ser realojados en los territorios del Noroeste.
La palabra clave en aquellos días era moderación. La que todos nosotros debíamos mostrar para no hacer estallar el nuevo equilibrio de fuerzas que nos aseguraba combustibles a precios razonables y paz para nuestro tiempo.
Poco duró, la verdad. Los Hermanos Musulmanes, luego superados por la Yihad Islámica, tomaron el poder en Egipto, cuyo régimen cayó como fruta madura. Los "moderados" en Turquía fueron rápidamente desplazados y el primer ministro acabó pidiendo refugio en Estados Unidos. Enseguida comenzaron los incidentes entre el nuevo gobierno de Ankara y la autoridades iraníes (la hermandad en el extremismo islámico no parecía garantía de estabilidad y buenas relaciones). Y con las primeras escaramuzas armadas entre éstos y la nueva facción dominante de los Saud (aquí nos hemos hecho todos medio expertos en el Oriente Medio y sus matices), todo se fue al garete, el suministro de gas y petróleo se resintió y los precios se subieron por las nubes. La economía, claro, al garete.
Poco duró, la verdad. Los Hermanos Musulmanes, luego superados por la Yihad Islámica, tomaron el poder en Egipto, cuyo régimen cayó como fruta madura. Los "moderados" en Turquía fueron rápidamente desplazados y el primer ministro acabó pidiendo refugio en Estados Unidos. Enseguida comenzaron los incidentes entre el nuevo gobierno de Ankara y la autoridades iraníes (la hermandad en el extremismo islámico no parecía garantía de estabilidad y buenas relaciones). Y con las primeras escaramuzas armadas entre éstos y la nueva facción dominante de los Saud (aquí nos hemos hecho todos medio expertos en el Oriente Medio y sus matices), todo se fue al garete, el suministro de gas y petróleo se resintió y los precios se subieron por las nubes. La economía, claro, al garete.
El Norte de Africa se prendió como una cerilla. Libia, Túnez, Argelia... En Marruecos, el rey se adelantó a los elementos y dio un autogolpe, reproclamándose sultán de los creyentes del Magreb y llamando a la "repoblación pacífica" de Al Andalus.
Mientras en aquel primer invierno Europa Central tiritaba de frio (los rusos se aprovecharon bien de la coyuntura), comenzaron los disturbios en la mayoría de los países. La minoría turca en Alemania se unió en un partido que entró a formar parte del gobierno de coalición con los conservadores. El programa de adaptación a un sistema "multicultural" fue inmediato.
Más grave fue la situación en Holanda, Dinamarca o Suecia donde los islamistas se hicieron con la población musulmana, instaurando un sistema de gobierno paralelo al estatal, con sus representantes, sus leyes, sus jueces, su policía...
En Francia los incidentes fueron violentísimos y desde entonces viven en una especie de guerra urbana de baja intensidad. En el Reino Unido los actos de terrorismo masivo e indiscriminado fueron atroces. La demolición por una bomba del Royal Albert Hall, el secuestro que acabó en tragedia en el Museo Británico y el cierre por seis meses de los aeropuertos ante la imposibilidad de garantizar la seguridad, pusieron a los ingleses de rodillas. Y ahí siguen.
Con ese panorama, y ante las exigencias de repoblación pacifica del rey Mohammed, comenzaron a llegar norteafricanos a millares, a decenas de millares, en avión, en ferry, en barcas. Llegaban sin pasaportes, sin visados, la crisis humanitaria y el peligro evidente de ese gentío agolpándose en puerto, aeropuertos, playas, la incapacidad de parar la marabunta, y mucho menos de usar medios expeditivos para proteger las fronteras, llevó a la decisión de, simplemente, abrirlas y dejarlos pasar.
Así es como montaron sus campamento, comenzaron a amontonarse en plazas, a imponer su dictado por la fuerza del numero y la convicción de su misión: la “repoblación” de Al Andalus. La inseguridad era pavorosa: la policía simplemente no estaba en situación de intervenir, los incidentes se multiplicaban y temor de los españoles era paralizante. Existían facciones extremistas, islamistas radicales, también habían delincuentes, habían campesinos en busca de una vida mejor, desocupados, agentes provocadores...
Con ese panorama, y ante las exigencias de repoblación pacifica del rey Mohammed, comenzaron a llegar norteafricanos a millares, a decenas de millares, en avión, en ferry, en barcas. Llegaban sin pasaportes, sin visados, la crisis humanitaria y el peligro evidente de ese gentío agolpándose en puerto, aeropuertos, playas, la incapacidad de parar la marabunta, y mucho menos de usar medios expeditivos para proteger las fronteras, llevó a la decisión de, simplemente, abrirlas y dejarlos pasar.
Así es como montaron sus campamento, comenzaron a amontonarse en plazas, a imponer su dictado por la fuerza del numero y la convicción de su misión: la “repoblación” de Al Andalus. La inseguridad era pavorosa: la policía simplemente no estaba en situación de intervenir, los incidentes se multiplicaban y temor de los españoles era paralizante. Existían facciones extremistas, islamistas radicales, también habían delincuentes, habían campesinos en busca de una vida mejor, desocupados, agentes provocadores...
Ya estamos llegando a casa. Al abrir la puerta del coche frente al portal, observo que los "vigilantes" han empezado a aparecer por nuestro barrio residencial. Es algo nuevo. Hasta ahora sólo habíamos recibido la educada visita de imanes, líderes considerados, casi amables, que nos educaban sobre la necesidad de adaptar nuestras hábitos con el objetivo de mantener la convivencia, favorecer la integración y respetar las costumbres de la oleada de inmigrantes magrebíes que ya se han instalando cada semana siguiendo la llamada del defensor de los creyentes. Pero ahora estos chicos andan cada vez más crecidos, y el gobierno (y también la oposición) sólo aciertan a hacer vagas imprecaciones en favor de la tolerancia y la coexistencia. Una coexistencia que, insisten, es, en cualquier caso, parte de nuestra propia historia.
Ya nos lo habían dicho los imanes: no es que no pudiésemos comer jamón. Pero se trataba de no ofender con una exhibición excesiva e innecesaria. Nadie impedía beber alcohol en casa pero, ¿no era, en cualquier caso, mejor para todos evitar dependencias de sustancias que provocaban comportamientos incívicos?. ¿No estaban mejor las calles desde que los "estudiantes" las habían limpiado de traficantes y prostitutas? ¿Quién echaba de menos que sus hijos se toparan con asquerosas revistas pornográficas en el kiosco?. ¿Y no era cierto que desde que los muchachos españoles que se iban convirtiendo y uniendo a las milicias paseaban por las calles con sus uniformes negros las mujeres podían pasear tranquilamente por las calles sin ser molestadas? (en algún momento se había convertido en un verdadero problema con grupos de "repobladores" que ocupaban manzanas enteras con su actitud desafiante. Frente a todo ello, ¿era mucho pedir que las mujeres se
vistieran con pudor y usaran un pañuelo en la cabeza para no provocar los instintos de aquellas personas que venían de países de costumbres más conservadoras y tendían a malinterpretar el comportamiento liberal de las españolas?.
En casa, Patricia se fue directamente a acostar a Marina. Yo me refugié en nuestro dormitorio. La cabeza me daba vueltas y sólo quería caer dormido lo antes posible y olvidarme del desagradable incidente. Patricia entró, se puso el camisón y se acostó a mi lado. Cuando fui a darle un beso de buenas noches me giró la cabeza y, con la cara hacia la pared, la pude oír. Dijo, suficientemente alto como para que lo oyera con claridad: "maldito cobarde".
Ya nos lo habían dicho los imanes: no es que no pudiésemos comer jamón. Pero se trataba de no ofender con una exhibición excesiva e innecesaria. Nadie impedía beber alcohol en casa pero, ¿no era, en cualquier caso, mejor para todos evitar dependencias de sustancias que provocaban comportamientos incívicos?. ¿No estaban mejor las calles desde que los "estudiantes" las habían limpiado de traficantes y prostitutas? ¿Quién echaba de menos que sus hijos se toparan con asquerosas revistas pornográficas en el kiosco?. ¿Y no era cierto que desde que los muchachos españoles que se iban convirtiendo y uniendo a las milicias paseaban por las calles con sus uniformes negros las mujeres podían pasear tranquilamente por las calles sin ser molestadas? (en algún momento se había convertido en un verdadero problema con grupos de "repobladores" que ocupaban manzanas enteras con su actitud desafiante. Frente a todo ello, ¿era mucho pedir que las mujeres se
vistieran con pudor y usaran un pañuelo en la cabeza para no provocar los instintos de aquellas personas que venían de países de costumbres más conservadoras y tendían a malinterpretar el comportamiento liberal de las españolas?.
En casa, Patricia se fue directamente a acostar a Marina. Yo me refugié en nuestro dormitorio. La cabeza me daba vueltas y sólo quería caer dormido lo antes posible y olvidarme del desagradable incidente. Patricia entró, se puso el camisón y se acostó a mi lado. Cuando fui a darle un beso de buenas noches me giró la cabeza y, con la cara hacia la pared, la pude oír. Dijo, suficientemente alto como para que lo oyera con claridad: "maldito cobarde".
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