lunes, 16 de noviembre de 2009

Somalia: memoria selectiva y sus lecciones

Se me ha ocurrido recordar el origen del enmierde este de Somalia. Nadie parece estar interesado en hacer memoria: Bill Clinton, el presidente mimado de la progresía, envió una misión humanitaria bien surtida de cámaras de TV y periodistas, para salvar a los pobres desharrapados de las garras de los (islamistas) señores de la guerra.


Pero las cosas se estancaron porque la resistencia de los asesinos era feroz (ya se sabe, además, de lo difícil que es combatir a un ejército irregular que se escuda en la población civil... Se sabe?. Bueno, si es Israel se denuncia sin compasión).

Bueno, el caso es que el tema culmina con la Batalla de Mogadiscio, un fiasco militar que acaba con las cámaras filmando los cuerpos de militares americanos arrastrados por calles polvorientas. Todo ello no entraba en los propagandísticos planes del Sr. Clinton, que creía que la guerra era un juego de la Señorita Pepis. Los desharrapados le dejaron de importar, y allá los dejó, con progresista indolencia, que el compromiso del buenista dura lo que dura el primer escollo y la primera gota de sangre.

Desde entonces, Somalia es un el estado fallido por antonomasia (Moratinos dice que negocia con su "primer ministro". La creatividad de este payaso no tiene límites), donde se agolpan piratas y yihadistas (todos son uno) y la pobre gente sigue muriendo como ratas.

Cuento esto porque es paradigmático de varias tendencias simultaneas: la selectiva memoria de los medios, el falso humanitarismo de la izquierda, lo caros que resultan los nidos de ratas a medio limpiar.
 
Y como aquí tenemos nuestra propia versión del buenista jugándose el pellejo de los demás, pues sabemos bien de qué va la historia

A que sí?