domingo, 26 de abril de 2009

EL MUNDO QUE VIENE / ALAN DERSHOWITZ

«Bush no estaba preparado para ser presidente, el mejor fue Lyndon B. Johnson»
LUGAR DE NACIMIENTO: / Nueva York / EDAD: / 71 años / FORMACION: / Abogado por la Universidad de Yale / OCUPACION: / Profesor de Derecho Penal en Harvard desde 1964 / AFICIONES: / El baloncesto, la natación, andar ocho kilómetros diarios y la música / SUEÑO: / Acabar la ópera que ha empezado a escribir.
FELIPE SAHAGUNTIME lo ha descrito como «el principal penalista de los Estados Unidos». Newsweek, como «el defensor más importante de los derechos civiles». Fue el profesor más joven de Harvard y, me dice riéndose, puede acabar siendo también el más viejo. Hijo y nieto de emigrantes judíos, es uno de los principales defensores de Israel en los EEUU y, como abogado, ha intervenido como defensor en muchos de los casos más polémicos de los últimos años. De paso por Madrid, invitado de la fundación FAES, habló el martes con EL MUNDO.
Pregunta.- Nació y creció en Brooklyn. ¿Cómo le marcó?
Respuesta.- Crecí con supervivientes del Holocausto en un barrio en el que prácticamente todas las familias perdieron a algún miembro.
P.- ¿Cómo se enteró del Holocausto?
R.- Por algunos profesores y por mi madre, que perdió a casi toda su familia, pero fue un aprendizaje poco sistemático hasta que leí el primer libro de Elie Wiesel: And the World Remained Silent.
P.-Los libros no le iban mucho.
R.- Fui mal estudiante. Me mandaron a una escuela parroquial judía y no me gustaba nada la disciplina que imponían los rabinos.
P.- ¿Y cómo acabó siendo el número 1 en la escuela de derecho de Yale?
R.- Siempre tuve grandes aspiraciones. En el instituto de enseñanza media me castigaban por hacer preguntas todo el día, criticando lo que no me parecía bien. Es decir, yo no cambié en nada, pero la universidad valoraba y premiaba la creatividad, y la escuela la sancionaba.
P.- ¿Qué ha significado la religión en su vida?
R.- Soy judío secular, pero no soy creyente. La religión formal, la teología influye poco en nosotros. Escribí un libro sobre esto: Genesis of Justice, una interpretación de la Biblia. No creo en las historias de mi religión, pero me identifico con los judíos, sobre todo con la lucha por los más desvalidos. Creo sinceramente que los judíos han sido y siguen siendo un pueblo perseguido. Por eso me parece natural defender a Israel.
P.- En sus libros, 28 ya, se define como «civil libertarian».¿Qué significa?
R.- No es una adscripción ideológica. Significa creer en la libertad de expresión de todo el mundo. Como «civil libertarian» defendí el derecho de los nazis a desfilar por Skokie (Illinois 1981), un barrio de supervivientes del Holocausto. Libertades civiles significa normas neutrales para todos, imparcialidad, transparencia.Nada que ver con la derecha o con la izquierda.
P.- ¿De derecha o de izquierda?
R.- Me considero de centro-izquierda. Me opongo a la pena de muerte y a condenas excesivamente largas. Estoy a favor de la legalización de la droga. Participé activamente en el movimiento de los derechos civiles y en la lucha por la igualdad para homosexuales y lesbianas. Me identifico con los Clinton, los Kennedy o, actualmente, con Barack Obama.
P.- El centro a mediados de los 60, cuando usted fichó por Harvard, era muy distinto del centro de hoy.
R.- Sin duda. Me convertí en abogado de la izquierda radical, de los estudiantes expulsados de Harvard por armar jaleo. Defendí a los Chicago Seven (acusados de conspiración para desbaratar la Convención Demócrata en Chicago en 1968). Ese era mi papel: abogado de los radicales. Llegué a asesorar legalmente a Noam Chomsky.
P.- ¿Le dejó huella?
R.- Seguramente me alejó de la extrema izquierda, pues en general mis defendidos no me caían bien personalmente. Me atraían sus causas, pero no me gustaba cómo trataban a la gente, en particular a las mujeres. Entre los más izquierdistas conocí a algunos de los tipos más machistas y desagradables del mundo. Es curioso: defendía a la extrema izquierda, pero me caían mucho mejor los conservadores. No descarto aún escribir un libro con el título Why I hate the left, but can't join the right (Por qué odio a la izquierda, pero no puedo unirme a la derecha).
P.- Su mejor adversario intelectual.
R.- Respeto a Chomsky porque se ha hecho un nombre en un área como la ligüística.
P.- Es usted de los profesores de Harvard más prolíficos en la red.
R.- Pero todo lo escribo a mano. Escribo, aproximadamente, un millón de palabras por año. Todo a bolígrafo en páginas amarillas (me muestra la yema del índice con las marcas). Escribo muy rápido, lo envío por fax a mi secretaria, ella lo pasa a ordenador y corrijo los textos. Pero no toco el ordenador. Uso mucho, en cambio, la Blackberry, Google y Wikipedia
P.- ¿Por qué se decidió por el derecho?
R.- Desde los 4 ó 5 años lo discutía todo, me rebelaba contra toda injusticia, asistía a todas las manifestaciones de protesta.Ser abogado era mi destino. Mi segunda vocación, de siempre, fue el reporterismo. Me gustaba investigar, descubrir. Algunos han dicho que la clave de mi éxito como abogado ha sido que, de corazón y de vocación, soy realmente un periodista. Pero siempre me vi mejor como orador que como escritor, así que el derecho pudo más. Tardé en comprobar que también podía escribir, pero escribo como hablo. Cualquiera que me lea se da cuenta.
P.- Tenía 10 años cuando se fundó Israel. ¿Lo recuerda?
R.- Por supuesto. Mi familia consiguió un televisor en blanco y negro de segunda mano por 90 dólares. En él pudimos ver la votación de 1947 en la ONU (la resolución de la partición de Palestina) y la declaración del Estado israelí en 1948. Fue todo un acontecimiento en mi vida, pues toda mi familia era sionista.
P.- Cuarenta y dos años enseñando derecho penal («45 ya», me corrige) en Harvard. ¿Su principal contribución a su especialidad?
R.- Una contribución sustantiva es mi invención, creo, de lo que yo llamo el derecho preventivo, para evitar detenciones, sin esperar a que se produzca el daño. Ahora trabajo en mi gran obra, The preventive state: cómo sería ese estado preventivo imaginario.
P.- ¿Su segunda contribución?
R.- Exigir responsabilidad y transparencia en todo. Mis ideas, por ejemplo, a favor de unas normas claras sobre la tortura, que han resultado tan polémicas, son una derivación de esa exigencia.Creo que los armarios deben estar abiertos y aireados. No estoy de acuerdo con torturar y negarlo, pero, si se considera necesario y se hace, soy partidario de que se haga de acuerdo con unas normas claras, dentro del estado de derecho.
P.- Entre sus clientes encontramos a Patricia Hearst, Mike Tyson, O. J. Simpson, Von Büllow ¿Lecciones principales aprendidas?
R.- La principal es que nadie cree en la presunción de inocencia.Ni yo mismo. Mi primer sentimiento, cuando alguien es detenido, es que, seguramente, es culpable. Así piensan, creo, los juristas y los jueces. Así funciona el sistema. Pero en Derecho nos montamos un mundo paralelo, en el que pretendemos creer que las personas son inocentes y las tratamos como si lo fueran hasta que se demuestre lo contrario. Es una de las cosas más difíciles, pues va contra la naturaleza humana.
P.- Sorprenderá a sus estudiantes escucharle esto
R.- Se quedan estupefactos cuando les digo que, al ver entrar a mis clientes por primera vez en mi despacho, desde el primer segundo, suelo verles como culpables por más que juren que son inocentes. Mi punto de partida es que son culpables porque me gusta actuar con cautela A partir de ahí voy hilando la defensa para persuadirles de la inocencia de mi cliente en la medida en que es posible hacerlo honestamente.
P.- ¿Cómo ve la evolución del Derecho Internacional?
R.- Muy negativamente. Ha sido un terrible fracaso. Peor que nada. El Derecho Internacional ha sido inmoral, anacrónico. Hoy por hoy el Derecho Internacional es la justicia de los vencedores.El Derecho Penal internacional es, claramente, una extensión de la política, y se ha convertido en un obstáculo para la lucha contra el terrorismo por su anacronismo, pues refleja el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando las democracias se enfrentaban al ejército nazi. Las normas en vigor no tienen sentido, pues dan una enorme ventaja a los terroristas en su lucha contra las democracias.
P.- ¿Algo positivo de los ocho años de Bush?
R.- Su apoyo, teórico al menos, a la democracia. Creo que Bush es una buena persona, aunque muchos amigos de la izquierda no están de acuerdo conmigo. El problema es que no era una persona preparada para ser presidente y no se tomó la presidencia suficientemente en serio. Es el primer presidente a quien apenas le salieron canas en la Casa Blanca. La forma en que elegimos presidentes produce los mejores y los peores candidatos, pues no les pedimos pruebas de su valía. Los elegimos con muy poca experiencia y a veces el resultado es brillante -John Kennedy, Bill Clinton, puede que Ronald Reagan-, pero también produce dirigentes pésimos.
P.- El mejor y el peor presidente que usted ha conocido...
R.- Probablemente el mejor presidente en mis 70 años de vida -y a la vez el peor ser humano en la Casa Blanca- haya sido Lyndon B. Johnson. Fue un gran presidente, pero un ser humano infame.Soy un gran admirador de Thomas Jefferson y he escrito no hace mucho un libro sobre él, pero tenía grandes defectos y si se hubiera impuesto su ideal, los EEUU se habrían quedado en una potencia agraria.
P.- Un libro para iniciarse sobre el conflicto árabe-israelí.
R.- Para entender la naturaleza humana, recomiendo a mis estudiantes que lean Los hermanos Karamazov de Dostoievski. Me parece la exploración más brillante del alma humana. Sirve para comprender la familia, el derecho, la nación, la religión
P.- ¿Sobre el conflicto arabe-israelí?
R.- De poder elegir un libro, elegiría The Birth of the Palestinian Refugee Problem, de Benny Morris, la historia del origen del conflicto. Nadie sale bien parado. No deja a nadie indiferente.Si tuviera que recomendar que no se leyera algún libro sobre el conflicto, sería el de Jimmy Carter.
P.- No ha admitido la menor crítica de Israel en su ataque a Gaza del 27 diciembre al 18 de enero, pero hasta soldados israelíes han anunciado sus excesos.
R.- No. Han criticado lo que oyeron, no algo que vieron. En toda guerra hay soldados que exageran. No niego que se cometieran errores, pero sí que se asesinara a civiles de forma sistemática o planificada. Cada civil muerto en Gaza ha sido un desastre para Israel.
P.- ¿Y qué piensa de las restricciones impuestas a los corresponsales extranjeros?
R.- Fue un grave error de Israel. Debía haber permitido que la CNN y los demás medios entraran en Gaza desde el primer momento.Al no hacerlo, regalaron la versión de lo que sucedía a los palestinos.
P.- El principal enemigo de Israel.
R.- Mis amigos en el Ejército israelí me aseguran que nunca han tenido un adversario más difícil e inteligente que Irán. Es, me aseguran, la amenaza más grave que ha tenido Israel y Netanyahu no permitirá que se haga con armas nucleares. La cuestión es qué harán los EEUU. Nadie lo sabe. Dos años he tratado de conseguir la respuesta de Obama y no lo he conseguido.