martes, 29 de diciembre de 2009

Gilad Shalit. Secuestrado hace tres años y medio. El 25 de junio del 2006. Piensa en lo que has hecho en los últimos tres años y medio. Los días, las experiencias. Gilad los ha pasado privado de sus derechos más elementales por una banda de fanáticos. Salvajes rabiosos que encuentran justificación y coartada en vecinos nuestros, gentes que te cruzas por la calle. Normal y corriente en apariencia. Que duermen todos los días en sus casas, con sus familias. Que estarán divirtiéndose estas fechas sin ningún dilema moral y apoyarán a Hamas en la próxima manifa. A esos miserables, desde aquí les escupo en la cara. Para los que tienen a Gilad sólo deseo una muerte lenta y dolorosa



¿Se debe negociar con terrorristas la liberación de un secuestrado?.

¿Es aceptable siquiera considerar ceder al chantaje de liberar a mil presos islamistas, un cuarto de ellos con terribles crímenes de sangre sobre sus podridas conciencias?.

¿Constituiría una decisión así una victoria de la barbarie que fomente más terrorismo, y más secuestros?.

¿Y cómo se reconcilia eso con el principio del ejército de ciudadanos que es el Tzahal de no dejar a ningún soldado atrás?.

Esta es la tremenda disyuntiva que tienen el Primer Ministro Netanyahu y su gabinete de seguridad.

¿Qué pueden hacer tras leer la carta a su hijo de Aviva Shalit cuando llevaba apenas un año de tortura?.

"Te llevé al sur, nos despedimos sin un beso de madre. Porque no te gustan los besos, entonces no insistí esta vez. Fue la última vez que te vi y que escuché tu voz".


"El mismo día, a la tarde, te llamé pero tu celular estaba apagado. Mis intentos de hablar contigo todo el fin de semana no tuvieron resultados. El domingo, después que escuchamos sobre el incidente, te dejé un mensaje en celular, de que vuelvas a mí. Todavía estoy esperando".

"Dos semanas después del secuestro fueron secuestrados Udi y Eldad en la frontera norte, vecinos nuestros de Kraiot y Naharía. Ese mismo día comenzó esa maldita guerra, la Segunda Guerra del Líbano. A finales de agosto fue tu cumpleaños número 20 y estábamos seguros de que en Rosh Hashaná ya estarías con nosotros, celebrando. Y así pasaron las festividades del mes de Tishrei, Januca y Purim, y tampoco en la fiesta de la Libertad estuviste. En Iom Hazicaron y en Iom Hashoah lloramos a nuestros muertos y también Iom Haatzmaut y Shavuot pasaron. Hoy se cumple un año de los secuestros y dentro de un mes y medio será tu cumpleaños número 21. Las festividades de Tishrei pronto volverán, y el mes de Jeshvan, el de Kislev, y así".

"Guiladi, nosotros no nos quedaremos quietos, no nos callaremos y no permitiremos que pase otro año sin que estés aquí. Te prometo que continuaremos haciendo todo, continuaremos exigiendo acción y no simpatía, resultados y no sólo palabras, seguiremos reuniéndonos con gente influyente en todo el mundo, corriendo de una reunión a otra, de una manifestación a otra, hasta tu ansiado regreso".


"Después de 382 días difíciles de sobrellevar vienen 382 noches. Noches en vela, de pesadillas imposibles de describir. Pero nuestro infierno aquí no significa nada comparado con lo que tú estás pasando, herido, solo y aislado. En la oscuridad, en el infierno. La falta de certeza sobre tu estado de salud, tu ánimo, las condiciones del cautiverio, cómo te tratan, en qué piensas, todo eso no nos da descanso. Yo sólo rezo para que quienes te tienen cautivo tengan todavía una chispa de generosidad y humanismo y espero que se preocupen por tu seguridad, que está en sus manos".

"Últimamente se habla sobre el precio que se debe pagar por tu liberación, y yo te digo - y toda madre que se encuentra aquí lo sabe - que no hay precio para el niño que hemos llevado en el vientre, parimos y criamos con nuestro sudor. Se puede discutir acerca del precio de una casa, un automóvil o acciones de una empresa, pero no hay precio para la vida de nuestros hijos, que fueron enviados a una misión por el Estado de Israel y quedaron allí".

"Estoy segura, desde el fondo de mi corazón, que eres fuerte, tienes fortaleza en tu alma, y sobrevivirás. Desde aquí te envío energías para que sigas siendo fuerte, que superes las dificultades que se te presenten y para que sepas que se acerca el día de tu regreso a casa.".

"Yo te abrazo, con un abrazo inmenso, pleno de amor, un abrazo cálido, que acaricia y te mando incontables besos. Para mí siempre serás mi niño especial y único".

Aviva Shalit.