lunes, 15 de febrero de 2010

AUSCHWITZ, 27 DE ENERO

Hoy es 27 de Enero. Hace un frío tremendo – 18 º bajo cero – y la nieve cubre Auschwitz -Birkenau. Parlamentarios de treinta naciones hemos acudido aquí con motivo del 65 aniversario de la liberación de este campo de exterminio donde una ideología del mal construyó un infierno en la tierra.

A pesar de que conocíamos los hechos - a través de libros, películas y documentales sobre el Holocausto - no es fácil describir la sensación que nos embarga a lo largo de la visita: desolación, incomprensión, vergüenza, profunda tristeza,…ante la magnitud e inhumanidad de los horrores que aquí se perpetraron.

Nos acompaña David Brin, superviviente del Holocausto. Tiene ahora 80 años y, tras ser internado en el Gueto de Lodz y perder a un hermano en el campo de exterminio de Chelmno, fue enviado con 14 años a Birkenau con su madre. Fueron separados y no la volvió a ver. Consiguió sobrevivir, tras diez meses de trabajos forzados y terribles privaciones, y llegar a Palestina en 1946.

David ha vuelto muchas veces a Auschwitz-Birkenau. Lo considera un deber hacia los que aquí quedaron, por duros que le resulten los recuerdos del pasado. Mientras le escucho, en la inmensidad helada de Birkenau, no puedo apartar de mi mente las imágenes de lo que he visto y las reflexiones que todo esto me ha suscitado:

- El fanatismo racista del nazismo, que se propuso exterminar a todos los judíos de Europa, empezando por las mujeres, los niños y los no aptos para el trabajo forzado, algo tan opuesto a la historia europea, donde – incluso en las guerras más crueles y en las conflictos civiles más despiadados – no se concebía el negar un trato de favor a los más débiles

- En Mayo de 1944, con la guerra perdida para Alemania y con los soldados soviéticos muy cerca de Polonia, los nazis deciden trasladar a Auschwitz, para su ejecución, a 438.000 judíos de Hungría, con un despliegue logístico y de efectivos humanos que, evidentemente, se hurtaba del esfuerzo bélico

- El siniestro bloque 10 de Auschwitz, de ventanas tapadas con planchas de madera, donde el doctor Mengele realizaba criminales experimentos con hombres, mujeres y niños a los que se utilizaba como cobayas humanos

- La celda de castigo del bloque 11 donde fue condenado a morir por inanición, el religioso polaco, hoy santo, Maximiliano Kolbe, tras ofrecer su vida por salvar la de un padre de familia.

- Los barracones de Birkenau, auténticos establos donde unas pobres gentes se hacinaban en literas compartidas, sin protección frente a las inclemencias del invierno y expuestos a todo tipo de contagios

Hoy el cielo está azul y limpio de nubes, pero nos han contado que en Birkenau no se veía el cielo durante muchos días pues el humo y las cenizas de los hornos crematorios lo ocultaban. No puedo imaginar algo más próximo a un entorno infernal.

En Auschwitz-Birkenau murieron más de 1.100.000 personas, ejecutados en las cámaras de gas la mayoría de ellos pero también fusilados y como consecuencia del hambre, del frío, de las enfermedades, de las torturas y del trabajo forzado: un millón de judíos, 75.000 polacos, 25.000 gitanos, 14.000 prisioneros de guerra soviéticos,…

Y lo terrible es que quienes concibieron, construyeron, perfeccionaron con malvado ingenio y gestionaron con despiadada eficacia estos campos de exterminio eran, en muchos casos, personas de apariencia normal, afectuosos padres de familia, esforzados servidores públicos o empleados privados,…que, tal vez, sin el auge del nacionalsocialismo hubieran tenido existencias monótonas, burguesas o menestrales, y cuyos sentimientos racistas y de desprecio del débil se hubieran limitado a las bravatas de taberna o a las agresiones verbales. Una ideología del mal sacó lo peor de ellos y les llevó a cometer las mayores atrocidades de las que muchos de ellos, en su fanatismo extremo, nunca se arrepintieron.

Esta es la gran lección. Lo que ocurrió puede volver a ocurrir. Nadie está libre, en unas circunstancias determinadas, de convertirse en un instrumento del mal.

Los supervivientes del Holocausto van desapareciendo. Pronto no contaremos con su testimonio y esto reforzará a los que intentan negar o minimizar el exterminio de tantos millones de seres humanos. No podemos permitirlo si no queremos que algún día se repita ese infierno en la tierra que tanto nos degradó a todos los seres humanos.

Hoy es 27 de Enero. Hace muchísimo frío en Auschwitz y una inmensa tristeza hiela nuestros corazones.

Luis Peral Guerra

Senador por la Comunidad de Madrid