viernes, 22 de enero de 2010

Carta a la revista FronteraD sobre un artículo de otro bicho venenoso

Estimados amigos.

Me gustaría compartir con Uds mis impresiones sobre el artículo "Hasta Dios se ha olvidado de Gaza", por Carla Fibla

Me ha llamado la atención porque extiende la expansiva escala de lo que creíamos "publicable" en un "medio de calidad" por una "periodista" reconocida.

Les confieso que leía asiduamente esta revista por internet (interpreten lo que gusten en el pretérito imperfecto). Me parece que los medios electrónicos tienen la posibilidad de liberarse de las poses y corsés de lugares comunes, retar los dogmas jurásicos a los que los medios tradicionales se obligan en algunos temas, por legado ideológico y por pereza mental, supongo.

Y hete aquí que me topo con este libelo que no habría pasado el corte en una gacetilla universitaria por unidimensional, monodireccional, sectario, simplistamente maniqueo, falto de matices, sin ángulos ni dudas. Un artículo pancartista y monolíticamente alineado con la falta de perspectiva de una (reportera? escritora?) sentimentalizada. El pastoso resultado sesentayochista de lo escrito oyendo de fondo ¨"yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada....". Lo leo, lo releo. Está escrito por una "corresponsal" (la Ser, La Vanguardia, si no me equivoco). La bilis que destila, la espuma por la boca, la mala baba...

Los islamistas virginales, sin pecado concebidos. La deshumanización del "enemigo" (que lo es de la "periodista" también: los judíos arrogantes berrean en su idioma brutal). La índisimulada adopción del lenguaje, de los términos acuñados por los exterminacionistas de Hamas. El uso de epítetos ("inhumano") para las acciones infinitamente crueles... Sin dudas, sin preguntas: en una zona de las más superpobladas del mundo y como resultado del "brutal ataque" murieron 1.400 personas, según una de las partes (de la que no se duda, claro, y sin mencionar los datos de la otra). La autora, seguro, debió buscar violadas, torturados, desparecidos. Lo típico de cualquier guerra. Nada pareció encontrar. ¡Demonios!. Bueno, no dejemos que los engorrosos detalles de la realidad me fastidien el cuento. Las casas fueron las violadas... con pintadas, nada menos!

Da casi pudor leer la idolatría guevarista de "hasta la victoria, simpre" que la autora coloca, como en un film soviético, en boca de una niña. La abolición de antecedentes de una guerra, el despreciativo paso de puntillas, por obligación, sobre los cercenados puntos de vista y fuentes alternativas (ya previamente descualificadas) y la confianza evangélica en las fuentes usadas (en ese vivero de libertad y derechos civiles y de información que parece ser el democrático emirato de los barbudos)... La indisimulada manipulación del lector desprevenido (¿está Gaza todavía ocupada?).

Cada vez que leo un panfleto de estos me pregunto si el director se lo ha leido. Se lo pregunto a Uds. Creo que como lector habitual, tengo el derecho. Por enfangar mi tarde. Y les pregunto si después de leerlo, de verdad, lo consideran una pieza de calidad publicable. Y si es así, si han reflexionado sobre si es sólo porque sus mecanismos mentales son diferentes cuando se aplican a los estereotipos sobre israelíes y los palestinos que cuando se aplican al País Vasco, a nuestros bombardeos sobre Belgrado o a la intervención española en Afghanistán.

Saludos,

Angel Mas