martes, 22 de septiembre de 2009

Cárlos Boyero. Otro fascista con kefiya y empanada mental


CRÍTICA: 57º Festival de Cine de San Sebastián
China recuerda el horror de Nanking
CARLOS BOYERO
El País, 22/09/2009


Hollywood se impuso desde el venturoso final de la II Guerra Mundial la profunda obligación moral de hablar año tras año de una atrocidad llamada Holocausto. Evidentemente, dado el origen mayoritariamente hebreo de esa industria, jamás se ha planteado retratar el puteo sistemático, el transparente apartheid y la desproporcionada y salvaje ley del Talión que aplica el todopoderoso e impune Israel a los palestinos. Tampoco ha puesto ningún celo especial en hablar alguna vez del infierno que montaron sus bombitas entre la población civil de Hiroshima y Nagasaki. En Rusia tampoco hay prisas para narrar la barbarie del Gulag y las continuas hazañas de un profesional del exterminio llamado Stalin.

Estoy flipando. Tras la carta del Anti-Defamation League a Cebrián , que no se han dignado a contestadr, viene esto. Supongo que están a otras guerras, como evitar la bancarrota. Pues nada. Que se sigan alineando ideológicamente con Público y la Sexta.

Alucino con la frasecita
dado el origen mayoritariamente hebreo de esa industria, jamás se ha planteado retratar el puteo sistemático, el transparente apartheid y la desproporcionada y salvaje ley del Talión que aplica el todopoderoso e impune Israel a los palestinos
No sé qué es eso del "origen mayoritario", ni qué tiene que ver el origen étnico con una supuesta visión monolítica del tema árabe-israelí (hebreos del mundo = responsables de las acciones de Israel), ni sus indocumentados y altamente difamatorios juicios de valor sobre Israel. Pero es que, además, mezcla churras con merinas, comparando el Holocausto con Hisroshima y Nagasaki. Y luego acaba vínculando también el silenciamiento cinematográfico de esos sucesos y de los horrores estalinistas con el supuesto control judío de esa industria (???). Menuda deposición.

El artículo refleja además la patética neurosis del personaje. Veamos: un crítico de arte observa el monopolio artístico que los italianos ejercieron en el Renacimiento (que es lo que los judíos han hecho, según él, en el cine). Y, en vez de caer rendido a sus pies por su visión, su mecenazgo, su sensibilidad (que gracias a esas creaciones vive el crítico, y a lo mejor se hizo crítico por amor a ellas), se pone a despotricar contra esa caterva de italianos meapilas que se dedicaron a ensalzar el arte religioso y la hegemonía de la Iglesia Católica y ejercieron una especie de censura que impidió criticar sus dogmas y brutalidad. El cabrón de Miguel Angel no esculpió ninguna ejecución de la Inquisición, Petrarca era un sectario que no quiso de escribir una crítica de las Cruzadas. Qué sé yo...

PS. Boyero ha acusado a la Fundación Nóbel de ser un nido de sionistas con oscuros intereses por haber dado 163 de los 750 Premios Nóbel otorgados a judíos, mientras que los que dieron a árabes que diseñaron avances fundamentales para el progreso de la humanidad en el último siglo se pueden contar con los dedos de una mano...